domingo, 13 de noviembre de 2011

Epístola de una realidad futura.

En algún punto del espacio, a 2 de noviembre del 193-0
(2378 en la antigua nomenclatura)

               Redacto este escrito en condiciones totales de desesperación y agonía, a fin de que llegue a una alguna forma de vida dota de razón que alcance a comprenderlo. Soy el astronauta B13·154, aunque en tiempos anteriores era llamado John, habitante del planeta Tierra.
               Pertenezco a la raza humana, una efímera existencia, casual y débil en muchos ámbitos, cuyo sentimiento más arraigado y primitivo es el egoísmo y su mayor interés es el propio, ya no sólo como raza sino cada individuo perteneciente a la misma.
               Durante largo tiempo eliminamos sistemáticamente toda forma de vida en la faz de nuestro planeta, mirando siempre por nosotros mismos y nuestros intereses, sin plantearnos el futuro. Perdimos el control. Nos consumió nuestra avaricia y fuimos esclavos de nuestros propios intereses. Cuando no quedaba atisbo de vida en la superficie terrestre salvo nosotros, y en nuestro infinito odio y envidia, solo nos quedaba acabar con nuestros propios hermanos. Se desataron infinitas guerras, con armas letales de última tecnología con la capacidad de eliminar todo a su paso. Poblaciones enteras fueron eliminadas, montañas de heridos y muertos se acumulaban en innumerables lugares, se desarrollaron enfermedades mortales nunca antes aparecidas, y los muertos aumentaban. Se inhabilitaron  los métodos de subsistencia, envenenando acuíferos y reservas de comida. Él oxígeno, fuente de toda vida ahora se volvía irrespirable. La mayoría de nosotros murieron en este tiempo.
               Los pocos que escaparon con vida de las guerras se vieron obligados a librar otra lucha, esta vez por salvarse a sí mismos y conseguir sobrevivir. No había ya banderas ni estandartes, tampoco gobernantes. La supervivencia del más fuerte, del que más matara. Los antiguos sentimientos característicos de nuestra raza, y fruto de nuestra capacidad mental ‘privilegiada’, ahora no existían, estaban obsoletos, así como la razón. Desaparecieron para siempre.
              En un desesperado intento de evitar nuestra extinción, fui enviado junto con mi compañera Marian, a fin de repoblar La Tierra en el futuro, tras nuestra predecible eliminación completa. Hasta cuando pudimos comunicarnos con ‘casa’, fuimos informados de que las guerras continuaban, continuaba eliminándose la vida y cualquier esperanza.
               Volvimos a La Tierra bastantes años después. Aunque esperábamos lo que presenciamos, nos impresiono increíblemente. Ciudades enteras, antaño cunas de cultura, sociedades y economía ahora eran pasto de los escombros y todo lo que antes se alzaba verde y lleno de vida ahora se tornaba gris. El agua ya no se encontraba en ninguna parte, y el aire estaba viciado, haciendo imposible florecer ninguna forma de vida. Las temperaturas eran demenciales, y descubrimos que la última consecuencia de las guerras fue la destrucción de la capa de ozono, el recubrimiento terráqueo de gas que nos protegía de las radiaciones solares.
            Allá donde buscamos no conseguimos hallar más que muerte y desolación. Comprendimos que era irreversible la masacre que nosotros mismos causamos en nuestro propio hogar, y que sería imposible recuperar la vida en ese sitio, así que nuevamente partimos dejando para siempre lo que mucho tiempo atrás fue nuestra casa.
          Durante mucho tiempo deambulamos por el espacio, administrándonos nuestras reservas como mejor supimos, pero ya estábamos en las últimas. Hace unas horas mi compañera falleció, con expresión de desesperanza e incertidumbre, propia de quien recibe una muerte que no alcanza a comprender. Yo siento que tampoco me queda demasiado, las provisiones se agotan y el oxígeno que me queda no durará demasiado.
      Aquí yazco a mis 154 años teniendo la suerte o la desgracia de ser la primera persona en décadas que muere de viejo. Cerraré para siempre mis ojos con el insólito sentimiento en mis entrañas de ser la única especie de todo el universo que se ha exterminado a sí misma…

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